miércoles, 3 de marzo de 2010

Capítulo 3. Si tu eres mi tigretón y yo soy tu tigresa. Vero, Lucía, Sonsoles y los 1-1-2. ¡Vaya tela con el mosquito!

De repente, me desperté. Nos habíamos quedado los dos dormidos en el sofá debido al cansancio y el stress laboral. Me moví despacio para no despertarle y observé como dormía. Acaricié su barbilla, mientras acercaba mis labios y le dejaba en los suyos un dulce beso ¡quién pudiera estar así el resto de nuestras vidas, con lo que habíamos pasado los dos! Ahora disfrutábamos de una felicidad que daba miedo que se rompiera en cualquier instante, por cualquier tonteria. Las niñas estaban acostadas ya desde hacía rato, y dormían placidamente; Paula todavía no había llegado, estaba de fiesta universitaria, e imaginé que tardaría bastante en regresar; quedaba una hora y media para el bibe siguiente de Cristy, y me apuré hacia la cocina, no sin antes susurrarle a Gonzalo en su oído un te quiero, tan sentido... ¡que me salió del alma! Me puse a quitar el fregado de la cena, el lavavajillas haría el resto, y volví al salón donde seguía durmiendo a pierna suelta mi Gonzalito.


- Gordiiii, cielo. ¡Vamos a la habitación que te va a entrar dolor de cuello como sigas durmiendo aquí! - dije intentando despertarle de su sueño-. Venga que te ayudo a subir, dormilón.

- ¡Ehhh! - exclamó mientras abría un poco los ojos -. ¡Hola, princesa mía! ¡Humm, me toca mi dosis de medicina! - susurró tiernamente, se acercó, rodeo con sus brazos mi cintura y nos besamos acaramelados durante unos minutos-. Te suelto si me prometes que vas a dormir abrazada a mi toda la noche.

- Te lo prometo - dije con cara entre pícara y divertida -. Tengo que pasar la escoba y el mocho por la cocina antes de ir a dormir -. Adelantate, que voy enseguida contigo. No tardo ni cinco minutos.


- ¿Vas a ponerte la bata? - preguntó con ganas de juego -. Ya sabes que me encanta cuando tu alter ego de Sonsoles sale de su escondite. Y verte con esa bata puesta, me trae muchos recuerdos...

- Ja, ja, ja - reí alegremente -. Luego subo con ella puesta, y si quieres jugamos a lo de "Si tu eres mi tigretón y yo soy tu tigresa" - le propongo.

- ¡Ya estás subiendo! - exclamó animado -. ¡Tigresa míaaa! Se me va a curar hasta el constipado, ¡si cuando yo digo que eres mi mejor medicina!

- ¡Venga, campeón! - le animé -. Espérame arriba que no tardo nada.

Me dirigí con paso firme y rápido hacia la cocina, con una sonrisa de oreja a oreja provocada por la conversación con Gonzalo. Abrí el armario donde guardo los productos y utensilios de limpieza, saqué el cubo, lo llené de agua y le puse dos tapones de limpiahogar con olor a Nenuco. Había niñas pequeñas en casa, y este olor me producía ternura, pues me las recordaba. En una percha colgada en el armario estaba Vero, mi bata azul, que tenía la carita somnolienta y en el apartado de la derecha estaba Lucía, mi mocho. Mis compañeras de fatigas durante mi etapa como Sonsoles Prieto dentro de Bulevar 21. Lucía, ya estaba haciendo de las suyas, intentando golpear con las tiras amarillas del recambio a la pobre escoba que permanecía a su lado. Vero en cambio, intentaba conciliar un poco de tranquilidad y conseguir dormise.

- ¡Quitaaaaaa, escoba de tres al cuarto! - gritaba Lucía, mientras golpeaba a la escoba -. ¡Que me tapas la poca vista que tengo desde aquí, con esos pelos de erizo que me llevas! ¡Anda que pareces un punky con ese peinado!

- ¿Cómo está mi bata favorita? - pregunté descolgándola de la percha y mirándola con cara divertida.

- Con sueño - me contesta toda seria -. ¡Para qué te voy a mentir! Desde luego, se te ocurren unas horas para limpiar la cocina, que es pa darte un premio.

- Pues, tengo entonces malas noticias para tí, Vero. Vas a tener que hacer horas extras - añadí riéndome -. Al señor Gonzalito se le acaba de antojar que le haga una actuación magistral como Sonsoles Prieto. Y yo a mi tigretón, no se las niego ni en sueños. Voy a necesitar tu ayuda para dicha actuación.

- ¡Ufffff! ¿Qué me estás contando, qué voy a ser testigo presencial de vuestro jueguecito loco ese de los tigres? - me pregunta con cara de guasa -. Pues nada, que se le va a hacer, si no me queda otra, ¡no?

- Más bien, pero calladita, eiinss? - le afirmé -. Testigo muda vas a ser por la cuenta que te trae.

- Eso, ¡y encima con amenazas, ya te vale, Sandrita! o ¿ya estoy hablando con la mismisima Sonsoles? - dijo sarcásticamente -. Lucía, deja de darle golpecitos a la escoba, que me tienes las solapas locas con tanto ruido.

- ¡Ja, qué te lo has creído estúpida escoba que vas a tener más sitio que yo en este lugar! - exclamó el mocho con toda su cara -. Pues no, señorita, que sepa usted que está hablando con la fregona más especial y con más personalidad del mundo mundial. Y necesito mi camerino propio, como las grandes estrellas de Hollywood. ¡toda llena de pelusillas que va, por el amor de Dios, qué ajjcooooooo!

- Mira, ¡si que me ha salido sibarita la fregona! - dije sorprendida - . ¡Te quieres callar ya, que no callas ni bajo el agua! Que un día te me ahogas de tanto hablar y se te acaba el oxígeno. Pues si, Vero, ya estás hablando con la mismísima Sonsoles. Bueno que, ¿nos ponemos las pilas ya? Cuanto antes limpiemos el suelo de la cocina, antes hago mi actuación, y antes os vais a descansar. Vero, hija, hay que ver que de arrugas que me llevas, ¡yo plancha que te plancha y tu, arrugas que te arrugas!. ¿Sabéis quiénes vienen este fin de semana para el cumpleaños de Kiara? Toda la tropa que formaban los 1-1-2. ¿os acordáis?

- ¡Hummm! - dijo Vero pensativa -. ¿no me digas que viene Chusa, Elena, Marga, Benito, y el resto de la tropilla? Je, je, ¡qué gusto verlos de nuevo! ¡aysss, qué recuerdos esas reuniones en el baño de Bulevar 21, con los 1-1-2 intentando ayudar a quién necesitara de una mano amiga! Soluciones yo creo que se aportaron bastantes, pero lo mejor de todo es que se compartían penas y alegrías entre los miembros asistentes al mismo. ¡Siempre haciendo frente común a Barbarella y sus peculiares frases!

- ¡Pues a mi Barbarella me caía muy bien! - afirmó la fregona mientras se atusaba sus tiras amarillas -. Tiene estilo, sabe vestir de maravilla, es sofisticada...

- ¿Adivina a quién se le parece? - preguntó Vero irónicamente -. ¡Almas gemelas, son almas gemelas! Sonsoles deberías presentarsela formalmente, yo creo que se llevarían de maravilla las dos.

Saqué la escoba y el recogedor del armario y me dispuse a barrer el suelo de la cocina lo más rápidamente posible. Después, saqué a Lucía del armario con objeto de fregar el suelo, por lo que le indiqué que se diera una suculenta ducha en el cubo preparado con anterioridad y se escurriera como ya sabía hacerlo. No había vez que viera este momento, que no se me saltaran las lágrimas de tanto reírme. ¡había que reconocer que Lucía era muy graciosa, muy pija también, pero tenía unos puntos divertidísimos! Cogió carrerilla, se metió en el cubo, y dando unas graciosas vueltas sobre si misma procedió a escurrirse, luego se dispuso a practicar su deporte favorito: el patinaje artístico. Al finalizar la limpieza de la cocina, procedí a introducir a Lucía en el armario, junto con el cubo ya vacío del agua utilizada. Y con Vero puesta sobre mi persona, procedí a subir las escaleras que accedían a la planta superior de la casa, en dirección a la habitación de las niñas. Me asomé, y vi que ambas dormían como angelitos. Sonreí, y Vero, sonrió también. Acto seguido, tras juntar la puerta de la habitación de las niñas, caminamos hacia mi dormitorio.

Toque a la puerta, y pregunté a Gonzalo si estaba visible, haciéndole saber que estaba lista para nuestra noche romántica. El juego de la tigresa y el tigretón lo comenzamos durante el tiempo en que tuve que hacerme pasar por Sonsoles Prieto, y a ambos nos traía recuerdos muy agradables. Vero, también estaba lista, aunque resignada a ser testigo de esta escena ¡no le quedaba otra! No se por qué pero intuía que iba a liar alguna de las suyas. Y yo no estaba dispuesta a que Gonzalo creyera que había pérdido de mi cabeza unos cuantos tornillos, pensando que hablaba sola cuando lo estaba haciendo con la bata. Total, si le cuento que la bata habla, tampoco me va a creer. Debía tener previsto alguna estratagema por si acaso a Vero se le ocurriese hacer alguna trastada ¡Y menos mal que la tenía preparada!

- ¡Hola, tigretónnnn! - saludé abriendo la puerta, mientras giraba mi cara hacia el marco de la misma, juntando mi barbilla con mi hombro y mostraba la más picara de mis sonrisas -. ¡Jiii! - dije escapándoseme una risa floja, gesto que siempre repetía como saludo en nuestros encuentros.

- ¡Hola, tigresa mía! - contestó Gonzalo mientras se acercaba hacía la puerta con los brazos tendidos, hasta llegar a mi altura. Me rodeó la cintura, y comenzó a besarme sin tregua; tirando de mi, me fue llevando hasta nuestra cama. Sus manos no dejaban de recorrer mi cuerpo, llenándome de caricias. Sus labios depositaban en los míos, los besos más tiernos y apasionados. Yo, me dejaba llevar disfrutando de cada segundo.

- ¡Aysss, qué me estrujas! - exclamó Vero con todo su arte -. ¡Sonsoles, luego di que me arrugo como una pasa y me tienes que planchar! Por el amor de Dios, ¡qué achuchones! Si es que no puedo ni respirar, ¡eh eh eh eh, qué corra el aire, qué me asfixio!

- ¡shhhhhhh, Vero, cállate por lo que más quieras! - susurré bajito para que la bata se callara.

- ¿Vero, quién es Vero? - preguntó Gonzalo mirándome con cara extrañada. Sonsoles, estás de un raro últimamente.

- Vero, vero, ¡qué tanda de verónicas hizo ayer José Tomás en Olivenza! - dije yo intentando salir del jardín donde me había metido, y dándole un golpe a la bata, como primer aviso -. ¡Impresionante! Suspiré, dejándole caer mis besos desde su hombro en dirección a su cuello. ¡hummm, mi amor, cómo me gusta el olor de tu piel!

Gonzalo me atrajo hacia él fuertemente haciendo que sintiera su cuerpo totalmente ceñido al mío. Mientras me susurraba un apasionado te quiero en mi oído, mosdisqueaba el lóbulo de mi oreja, provocando en mi una excitación mayor. Estiré mi brazo que rodeaba su cuello por encima de su hombro y lo subí perdiéndome entre sus rizos. Sujeté con fuerza su cabeza y volví a besarlo en los labios. Momento en que aprovechó para ir desabrochando los botones de la bata al tiempo que yo hacía lo propio con los de su camisa. Justo en ese instante, Vero decidió liarla parda.

- ¿Hace falta que me pellizques cada vez que desabrochas un botón, einss Gonzalito? - preguntó sarcásticamente la bata mientra gruñía por lo bajini -. A este paso, me descose los ojales.

- ¡Y daleeeeeeee, que no callará, einnss! - exclamé sin percatarme de la cara de sorpresa que me estaba poniendo mi Gonza -.

- ¿Cómo? ¿Quién no callará? ¿Estás bién? - preguntó Gonzalo con cara de preocupación, sin dejar de abrazarme, y recorrer mi cuello beso a beso.

- Si, Gonza, si - afirmé quedamente mientras golpeaba por segunda vez consecutiva a la bata para que cerrara las solapas de una vez por todas -. ¡El mosquito cojonero este que acaba de entrar, que no para de zumbar alrededor mío! ¡qué golpetazo que me he dao, leñes!

- ¿Mosquito, qué mosquito? - insistió Gonzalo mirándome entre extrañado y divertido -. Yo no veo ni oigo ningún mosquito. ¡Ayys, Sonsoles siempre tan divertida! - exclamó mientras con una suave caricia hacía caer desde los hombros al suelo la bata que llevaba puesta.

- ¡Esooooooooo, tírame al suelo como si fuera una colilla! - gritó a lo desesperado Vero -, desde luego, me está entrando un complejo de kleenex, de usar y tirar. ¿Para esto quería que me subieras como testigo, para acabar tirada en el suelo? ¡Andaaaaaaaa, Sonsoles ya podrías enseñarle modales de como se trata a una dama bata! ¡NIñoooo, cuelgame en una percha que para eso están!

- ¡Gonzalo, espera un momento! - dije desesperadamente -, ¡qué hartura de bata eiiinsss! Me tienes contenta, Vero. ¡Vaya tela! - añadí metiéndola en el armario de la habitación colgada de una percha. Me giré y volví donde me esperaba Gonzalo -. ¿Dónde nos habíamos quedado? ¡Ahh, sí ya me acuerdo! - dije sin parar de besarle, fundiéndome entre sus brazos y haciéndole caer sobre nuestra cama. Las horas pasaban, y el verbo amar se hizo presente en su más extenso y profundo significado.



Capitulo 2. Zipi y Zape y la nevera industrial. Entrevistas a Auxiliares de protocolo. "Espiando a Zipi - Zape". Preparativos Fiesta de cumpleaños.

Recuerdos: La bata Vero, la fregona o mocho Lucía y Sonsoles nos hablan de los 1-1-2,
cómo se organizan, quiénes lo forman, y su lugar de reunión.
Tres días antes de la fiesta...

Es la hora del almuerzo, y me dispongo a recoger a Blanca para ir a comer juntas. El objetivo, ponerme al día sobre las entrevistas para la selección de las dos auxiliares de protocolo, la de los vigilantes de seguridad, contarnos anécdotas varias y sobretodo, disfrutar de una buen arroz con costra, acompañado de un excelente Albariño. Además, le iba a encargar la organización y planificación de la fiesta de cumple de Kiara, seguro que a ella se le iban a ocurrir ideas muy divertidas para los peques y para los mayores.

- Blanca, ¿estás lista? - pregunté mientras abría la puerta de su despacho lentamente.

- Sí, ya terminé con las entrevistas. Te tengo que contar mientras almorzamos - me dice con cara sonriente, más bien a punto de soltar una carcajada.

- Me temo lo peor, no se por qué pero me temo lo peor, y además, me imagino por quién - afirmé con toda seguridad, poniendo cara de ¡ojalá me equivoque! -. ¿Qué tal la barbierubia? ¿supo contestar o directamente se fue por los cerros de Ubeda sin dejar de soltar algún que otro disparate?

- ¡Dios mío, parece que hayas estado presente en la entrevista o que ya la conocieras de antes! - me contesta en un tono de sorpresa -. Lo segundo, más bien, se fue por los Cerros de Ubeda, pero es la mar de divertida.

- ¡Me lo temía! ¿divertida? - pregunté con cara de extrañeza -. Pues me tienes que contar esa diversión en que consiste, porque a mi me exasperaba, tiempo atrás. En fin, tu sabrás lo que haces, es tu departamento, pero sabes que nos jugamos mucho con la presentación de esta colección. Viene prensa internacional a cubrir el acto, y una barbieloca haciendo locuras por el hotel, como que no nos conviene. Ya tenemos bastante con las dos cabras locas de recepción.

- No te preocupes que la meto en cintura - me asegura -. Voy a hacer de ella una profesional en esto del protocolo. No vas a tener queja ninguna, aunque antes si hace falta se lleva un escarmiento.

- Bueno, pues entremos a comer, ¡qué tengo un hambre de lobos! - le contesté asombrada por la afirmación que acababa de asegurar. Aquí viene Nati, tenemos mesa reservada, así sin problemas de espera, jajaja. ¡Nati, nuestra mesa por favor! - dije saludando a la Maître del hotel.

- ¡Enseguida, Sandra u ¿hoy te tengo que llamar Sonsoles? - exclamó divertida.

- ¡Humm, de momento Sandra está bien, cuando llegue la parte de contar anécdotas sacaré a mi alter ego tan estupenda! - Bromeé riéndome. Por cierto, tenéis que contarme la de la nevera industrial, que ayer Maje entre gruñidos y carcajadas, no pudo detallarme nada, por lo que me enteré por encima de la situación. Parece que Zipi - Zape la liaron bien ayer por la mañana.

Llegamos a la mesa indicada, nos sentamos Blanca y yo a esperar que nos sirvieran esa delicia de vino Albariño que había solicitado de antemano.

- ¡Qué hambre tengo! - afirmó Blanca -, me comería un buey entero, aunque ese arroz con costra no se lo salta un romano.

Denia, nuestra sumiller, se acerca botella de vino en mano e indicando al camarero que iba a atender nuestra mesa, que dispusiera todo lo necesario en la mesita auxiliar de al lado. Me mostró la botella, la abrió y la dejó reposar en el interior de una cubitera para que tomase la temperatura ideal. Momento en el cual aprovechó para saludarnos.

- ¡Hola Jefa! ¿Cómo lleváis la mañana, más tranquila de la de ayer? - pregunta jocosamente -. ¡Vaya tela la que liaron Pelé y Melé ayer en la cocina! -añadió soltando una sonora carcajada -. Esos dos cubiertos de la escarcha de la nevera industrial con cara pollo congelao, tiritando de frío eran un poema, ja, ja, ja.

- ¿Quién les habrá mandado meterse ahí? Si es que vamos - exclamé sin poder parar de reir-. Pues luego le costó quitarse el frio del cuerpo, no veas los tiritones que daba en casa. Cuatro mantas más el edredón le tuve que poner encima, vamos que ni los pollitos para salir del cascarón. Hoy lleva un catarro que ni te cuento. El pobre no para de estornudar. Pero contarme que pasó exactamente, mira ahí viene Nati.

- Bien, aquí traigo vuestro arroz con costra recién hecho - dijo presentándonos la paella donde estaba servido -. Cocinitas me acaba de comentar que en cuanto terminé una vichysoise que está elaborando, sale un momento a saludarte.

- ¡Qué pinta que tiene Coci, te has lucido hoy! - afirmó Blanca mientras Coci colocaba la paella en la mesa auxiliar, y Nati empezaba a servir en los platos el apetecible arroz que nos acababa de presentar-. Por Dios, estoy deseando escuchar lo de la nevera y esos dos tunantes.

Oigo unos pasos que se acercan firmes hacia nuestra mesa, y me giro para ver de quién se trata. Es Majemar, que se une al grupo con cara de "Houston... volvemos a tener problemas" . Cuando llega a nuestra altura, me dice:

- ¡Sandra! ¿Me permites que me siente un momento? - preguntó mientras intentaba respirar con calma, porque es que entre las dos de recepción que no paran de perderse por los pasillos y Zipi-Zape, que no cesan de liar una detrás de otra, es que me falta el aire.

- Si, claro. Coge una silla y sientate. ¡No me lo puedo creer! ¿ya han hecho otra? - pregunté asombrada -. Y, ¿cómo sabes que eran ellos dos?

- Porque Gonzalo va dejando rastro por donde va... - Aseguró claramente, en un tono sarcástico -. Oyes su típico estornudo y dices ahí están liandola de nuevo. ¡Si es que va dejando huella!. La verdad que hoy los dos no pueden armar mucho jaleo debido al catarro que han pillado por lo de ayer. ¡Qué paciencia tengo...! Lo de ayer tuvo castañas pilongas... ¡Vamos que, vaya par! ¡Si es que tengo el cielo ganao con estos cuatro...! Bueno, os dejamos degustar vuestro sabroso menú, y luego me vengo y seguimos con el cotilleo, que tengo a las dos de recepción revolucionadas, y a punto de llevarse una sarta de collejas calmantes.

- Ja, ja, ja - Reí sin poderme aguantar hasta que las lágrimas me salieron-. Coci, cielo, ¿qué tal si acompañamos este arroz con una ensaladita valenciana de las que tu tan sabiamente preparas? -. Añadí guiñándole un ojo.

- Enseguida jefa, cuenta con ella en un periquete - me contestó -. Voy a recogerme con mis sartenes a seguir alimentando a la tropa, ja, ja, ja . Nati, avisame cuando llegue Maje de vuelta que quiero estar presente para contar la parte en la que fui testigo del gran acontecimiento de la fresquera.

Suena el walkie talkie de Maje. Es Luisi, la camarera de piso responsable de la planta VIP, la cual solicitaba la presencia de Maje, su jefa directa de inmediato. Mientras Nati nos servía el vino en nuestras copas, con objeto de degustarlo y ver si había alcanzado la temperatura adecuada. Le pedí que trajera una botella de agua, pues todavía le quedaba un grado y medio para alcanzar su temperatura ideal. La verdad es que con tanta risa, Blanca y yo estábamos sedientas, y un poco de agua aliviaría la situación. Nati, Coci y Maje volvieron a sus respectivas ocupaciones mientras nosotras, comenzamos a saborear ese preciado arroz. Unos minutos después, Nati nos acercaba la ensalada valenciana que había pedido.

- Tenemos un ratito para que me pongas al día sobre las entrevistas de las auxiliares de protocolo - comenté a Blanca, haciéndole una señal para que comenzara a contarme lo sucedido. Empieza por la barbieloca, que prefiero pasar el trago más amargo primero -. Dije haciendo una mueca.

- Ja, ja, ja ¡cómo eres Sandra! - exclamó divertidísima -. Pues la verdad, es que ha sido un poco subrealista, durante toda la conversación. Parece que confunde algunos términos por un lado, pero yo creo que si le meto caña, acabará por aprender mucho de esta profesión. Desde luego, en cuanto a imagen, no hay que enseñarle nada, sabe perfectamente combinar ropa, bolso y zapatos. Ahora bien, en el tema de confección de lista de invitados, ordenación de los mismos en una mesa, y demás... Eso es otro cantar. Pero esa parte se aprende, y ésta lo va a aprender muy rápidamente.

- ¡Buena eres tú si no lo aprende! ja, ja, ja - dije con una mueca de alto mando del ejército o Señorita Rottermeyer-. Estoy segura que no le vendría nada mal ¿Y la segunda candidata, qué tal? - pregunté mientras Denia, la sumiller, nos servía el vino en la copa, una vez alcanzada la temperatura ideal

- Pues, Erica es muy distinta. Es despierta, sabe lo que hace, tiene algo de formación protocolaria, y cuenta con recursos para actuar en casos de imprevistos - Afirma Blanca -. Además, puede despertar a la Barbieloca como tú la llamas, ja, ja, ja.

Terminamos de comer el arroz y la ensalada, y de degustar el Albariño, cuando Coci se nos acercó con un plato de delicattessen de bombonería y tartas varias. Justo en ese momento, llegaron también Maje y Nati que se volvieron a aproximar a la mesa, se sentaron en sendas sillas junto a nosotras, y empezaron a recordar detalle a detalle, la historia de "Zipi - Zape y la nevera industrial":

- Todo empezó cuando recibí una llamada vía walkie talkie de mis camareras de piso, avisándome que las dos de recepción Lauriya y Chuse, estaban haciendo de las suyas - comenzó a relatar Majemar -. Al parecer, de nuevo se habían perdido y casualidad de las casualidades, fueron a parar al Despacho de Gonzalo que no se como lo hacen pero ese, siempre lo encuentran. ¡Para mí que tienen fijación, no se si por el despacho o por los rizos de Gonzalo! Evidentemente, salí como una flecha hacía allí, y de repente, vi corriendo como almas que lleva el diablo a ese par de tunantes, bajando los escalones de tres en tres, en dirección a la cocina. Los seguí.

- Y atravesaron a toda velocidad el comedor, llevándose por delante a dos camareros con sus respectivas bandejas - explicó Nati -. Y todo lo que llevaban en las bandejas cayó por obra y gracia de la fuerza de la gravedad; y un trozo de melocotón en almibar que había en uno de los platos, acabo haciendo de sombrerito de un cliente calvo, que el pobre no entendía porque le caía por la cabeza aquel líquido pegajoso.

- Ja, ja, ja, ja - estallé en sonoras carcajadas -. ¡Qué pena habermelo perdido! Sigue contando.

- Ja, ja, ja, ja - río Blanca -. Si es que son la leche estos dos. Pobre señor.

- Pues, después de esa entrada triunfal llegaron a la cocina, y no contentos con lo ocurrido, hicieron lo propio con sartenes, ollas y demás - añadió Cocinitas -. No veas para limpiar después, había gazpacho, y espaguettis por todo el techo, paredes, armarios.

- Lo imagino si - afirmé sin poder parar de reir.

- Al momento aparecieron Lauriya y Chuse, que al verse descubiertas por mi salieron disparadas también hacia la cocina, con la excusa de que iban a tomar un tentenpié - explicó Nati -. Tal como aparecieron, desaparecieron por la puerta de la cocina.

- Y llegaron esas dos trastillos a la cocina, y al ver como estaba todo lleno de tomate por todos los lados y pasta cayendo del techo, empezaron a troncharse de risa - añadió Cocinitas -. A esto que los dos tunantes de Álvaro y Gonza, al verse perseguidos por estas dos, decidieron meterse dentro de la nevera industrial. Yo les pregunté que si tenían curiosidad por algo en concreto, y me contestaron que iban a comprobar directamente el estado de los costillares de cerdo, que se iban a servir en la barbacoa del cumple de Kiarita. Y allá que se fueron, y claro, con el despiste y las prisas se quedaron encerrados sin poder salir.

- Y ahí fue, cuando recibí la llamada de Cocinitas por el walkie que estaba justamente en tu despacho - recordó Majemar -. Ahí me enteré yo de como habían acabado los dos dentro de la nevera, y después acudimos tu y yo al rescate, con varias mantas. Lo demás, ya lo viste por ti misma.

- Si, ja, ja, ja - contesté -. Fue memorable, ¡ten pareja para ésto, menos mal que es un padrazo, y que conmigo siempre es muy cariñoso, que sino... a veces lo ahogaba con mis propias manos.

- ¡Mira quién viene por ahí! - exclama Blanca con una sonrisa -, hablando del Papa de Roma, por la puerta asoma.

- ¡Aaaatchissss! ¡ Ojú, vaya tela que constipado he pillado. No me vuelvo a meter en esa nevera ni aunque me paguen - asegura Gonzalo, mientras se acerca a mi dándome un beso en los labios -. ¡humm, mi medicina favorita! En fin, ¿ya sabemos que invitaciones vamos a mandar para la fiesta de cumple de mi Kiarita?

- Pues todavía no hemos hablado de ello - le contesté, mirándole con ternura, cuando se ponía tierno es que me lo comía a besos, y que me llamara su medicina favorita, como que me gustó -. Pero ya que estás aquí, te quedas un ratito, y lo comentamos. Chicas, ¿nos permitís un momento? No os vayáis muy lejos que tengo que proponeros un plan de actuación para los días del desfile de baño, y tiene que estar todo bien atado. Les guiñé el ojo. Ellas comprendieron enseguida de que se trataba.

- Yo he pensado - dijo Blanca-, que te voy a enviar vía mail unos links con formatos de invitaciones de cumple y eliges la que más te guste. En cuanto a comida, va a ser una barbacoa. Las mesas yo creo que lo mejor es tipo buffet y que los invitados se muevan alrededor de ellas, excepto la de los peques, que pondremos varias sillas estáticas altas para que los papis estén tranquilos. Como juegos a compartir entre mayores y peques, podrían ser carreras de sacos, al escondite, y cosas por el estilo. La apertura de regalos, yo creo que lo más conveniente, es conforme vayan llegando invitados se van abriendo los regalos y se disponen todos en una mesa auxiliar de gran tamaño, para que todo el mundo que llegue los vea. La vajilla será de dibus animados, Disney por ejemplo, que siempre gusta. Para entretenimiento, podríamos llamar a un cuentacuentos, payasos, e incluso alquilar algunos ponnies para los peques ¿qué os parece?

- No está mal, me gustan tus ideas - afirma Gonzalo -. Quiero que mi Kiara tenga la mejor fiesta del mundo. El hecho de que no hubiera podido estar cuando Kiara nació, le daba una impronta triste. No se lo perdonaba a si mismo. Si bien, había recuperado el tiempo perdido, dándole todo el cariño que se merecía su niña.

Miré el reloj, y vi que se había hecho un poco tarde. Me despedí con un ¡hasta luego, mi vida! de Gonzalo, y con un ¡nos vemos! de Blanca. Me dirigí a toda prisa a mi despacho a seguir. Llamé a Maje, Nati, Cocinitas y Aurora, para que viniesen de inmediato a mi despacho. Les tenía que proponer el proyecto "Espiando a Zipi - Zape" que se iba a poner en marcha durante los días del desfile de moda de baño. Al cabo de unos 5 minutos, estábamos reunidas las cinco en mi despacho. Les expliqué que las reuniones serían todas o en mi despacho o en el de Majemar, según nos conveniese en el momento indicado. Por otro lado, el lenguaje a utilizar sería tipo telegrama, aprovechando que todas ibamos provistas de Walky talkies. El tema de contraseñas y códigos de lenguaje a utilizar lo explicaría en una reunión mañana a lo largo de la tarde, junto con el reparto de tareas en sí. Y con esto, nos despedimos hasta el día siguiente. Después, recogí a mis niñas de la guardería, y a Gonzalo de su despacho y nos fuimos los cuatro para casa. Preparé la cena y mi príncipe encantador y yo nos vimos una película fundidos en un tierno abrazo.